Los crucifijos no vienen de serie
Por la anulación de la colocación de crucifijos en las aulas públicas por parte de la dictadura franquista.
Parece que George Lakoff no ha vendido suficientes ejemplares del famoso No pienses en un elefante, porque nos la siguen colando doblada. Respecto a la reciente sentencia de El Tribunal de Estrasburgo o Corte Europea de los Derechos Humanos en la que ha declarado que la presencia de los crucifijos en las aulas es “una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones” y de “la libertad de religión de los alumnos”, el debate, los comentarios, están girando una y otra vez sobre la retirada de los crucifijos de las aulas.
Y no es eso. No es eso. La cuestión es que los crucifijos nunca deberían haber sido colocados. Al estilo de la anulación de los matrimonios católicos, no hay que retirar los crucifijos. Hay que anular su colocación. Repetiremos una y otra vez: lo que va contra la libertad religiosa es la COLOCACIÓN de cruficijos. Libertad religiosa sí; pero para todos.
Es realmente de un doblepensar enfermizo argumentar en defensa de esa colocación que el crucifijo tiene otro sentido además del religioso. Por supuesto que el crucifijo en las aulas tiene otro sentido: el sentido de la imposición de las dictaduras fascista y franquista, cuando la religión católica era la oficial del Estado :
Los crucifijos cuelgan en las aulas de las escuelas públicas de Italia desde la época fascista. Fue Mussolini quién reconcilió el Estado con la Iglesia mediante el Pacto de Letrán, de 1929, y declaró la religión católica como la oficial del Estado. En 1985 una reforma del Pacto anuló la categoría de religión de Estado para el catolicismo, pero los crucifijos no se movieron.
El crucifijo será símbolo de lo que se quiera, pero el crucifijo en las aulas es símbolo de dictadura. Los católicos democráticos deberían ser los primeros en pedir que se anulase su colocación.


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